Hoy podría renunciar a todo, podría serpentear la corriente humana para encontrar tu mirada, podría recuperar la inocencia del fondo de mi alma para dejar que la arranques con tus demoniacas garras...
Sin sentido, espero con la absurda convicción de que volverá a latir un sentimiento, de que serás tú quien lo despiertes, de que resurgirá el cosquilleo en la piel recorriendo todo mi cuerpo.
Hoy me podría abandonar a un segundo eterno, abocarme a la esperanza que mana de mis entrañas, al desgarro de la incertidumbre y de una vana promesa de llamada...
Me niego la evidencia, me escondo de la realidad, me cobijo en la ilusión y prefiero seguir aguardando un impulso de vida vertido de tus labios porque el dolor de mi piel no me permite el lujo de tocar de pies en el suelo. Y así, ebria de ignorancia, me arrastro cada mañana fuera de mi cama, soñando la llegada de la más oscura hora en la que el mundo onírico te acerque.